Podría
comenzar diciendo que la libertad es un utopía que nos mantiene con la falsa
sensación de ser dueños de nuestras elecciones. Que en realidad no somos libres
porque no podemos hacer lo que queremos al estar coartados por un sistema de
continua alienación. Incluso que no pensamos lo que queremos por formar parte
de una sociedad que “diseña” a sus miembros para el “borreguismo”. Pero no lo
voy a decir. Eso se lo dejo a los jóvenes contestatarios de los que un día
formé parte, para que continúen dando mil razones por las cuales darnos a
entender que la libertad es sólo una quimera, pero ninguna explicación de cómo
evitarlo.
Creo
que lo más importante cuando se habla de la libertad es diferenciarla del
libertinaje, porque muchos argumentan que las personas no son libres al
enfrentarse a un sistema de normas, ya sean legales o morales, en virtud de las
cuales se nos imponen prohibiciones, límites. No observar estas normas, y no
respetar la ley, la moral, o la propia libertad de otras personas es libertinaje.
Ahora alguien dirá que si no existieran normas no habría libertinaje.
Supongamos que no hay leyes, para no pisotear al prójimo tendríamos que tener
una conciencia tan abierta de sociedad, un respeto tan profundo al resto de las
personas, que entraríamos en el terreno de la ciencia ficción. Aun así, es esta
sociedad… sin leyes, donde todo el mundo respeta a todos, estaríamos basándonos
en un sistema moral, en una ética, que les diría a los individuos qué está bien
y qué no; de lo contrario la convivencia sería imposible. De nuevo normas. Por
tanto, una sociedad sin normas de ninguna clase no es viable.
Si
tenemos en cuenta que todas las sociedades de la historia han tenido un sistema
de reglas de comportamientos, se nos plantean tres posibilidades: la primera es
que nunca, en la historia de la humanidad, las personas han sido libres. La
otra, que las normas no tienen nada que ver con la libertad, ya que el ser
humano necesita de ellas para convivir. La tercera sería que la libertad tal y
como queremos simplemente no existe, es un término acuñado para describir un
sentimiento, o más aún: es un término paradójico ya que sin la ausencia de ésta
no tendríamos necesidad de serlo, y por tanto de definirlo.
Ahondemos
un poco más. Si desde el comienzo de nuestra historia hemos vivido en
sociedades donde existían leyes o normas para convivir, es posible que tengamos
eso tan interiorizado incluso hasta el punto de no poder vivir sin ellas, que
el hecho de pertenecer a una civilización más o menos reglada no tienen nada
que ver con la libertad. ¿Qué sería entonces? Tal vez la libertad tenga más que
ver con el número de opciones que se pueden elegir. Desde este punto de vista,
una persona sería más libre cuanto mayor número de posibilidades tuviera a su
disposición. A más opciones, más libertad. Habría que contemplar aquí dos cosas
importantes, una que hasta que no soy consciente para decidir por mí mismo no
soy libre, por ejemplo un recién nacido al que se le perforan los oídos no es
libre en ese momento para decidir eso, o cuando es bautizado, o cuando se le
deja el pelo largo etc. Esto puede parecer banal, pero no lo es en los términos
en los que estamos hablando. La otra cosa que tenemos que tener en cuenta es
que como el número de posibilidades es limitado (porque seguro que lo es),
entonces no seremos completamente libres sino en las limitaciones de las
opciones entre las que puedo elegir. De nuevo un callejón sin salida. Otra vez
el bucle que nos lleva al principio.
La
legalidad, la moralidad, la limitación de opciones… la manera de vivir en
sociedad, en general, es incompatible con la libertad teórico filosófica. Los
pensadores, desde los presocráticos, han intentado postular una libertad que
encajara, bien en el pensamiento teórico, bien en la acción pura. De todas las
teorías podríamos quedarnos con tres: un determinismo absoluto, que afirma que
si la conducta del hombre se haya determinada, no cabe hablar de libertad. El
hecho de que la decisión para realizar una conducta sea el efecto de una causa,
significaría que tal decisión no es libre, sino condicionada. Por tanto la
elección libre sería una ilusión. Frente a éste está el libertarismo absoluto,
que dice que ser libre es actuar de la manera que se quiera, en contra o a
favor de lo que pudiera ser normal o aceptado. Esto dejaría la decisión fuera
de toda causalidad. Por último existe una teoría intermedia, un… determinismo
compatible con cierta libertad, en la que se reconoce que la conducta del
hombre se encuentra determinada y que dicha determinación, más que impedir la
libertad, sería la condición necesaria para ella. Es decir, para que haya
opciones de elección, aunque sean limitadas y de las cuales podemos elegir una,
es necesaria una causa que las posibilite (explicado a groso modo). Sin causa,
no hay opciones y no hay libertad de elección entre las mismas.
No creo
en la libertad en su dimensión teórica, que la englobaría sólo en el terrero
utópico de las definiciones inútiles como la “paz” el “bien” el “mal” el “comunismo”
la “anarquía” el “bien común” y miles de etcéteras. La libertad existe en la
dimensión práctica o no existe. Un individuo se consideraría libre desde el
punto de vista de la razón (sin la presión del instinto que no creo que tenga
el ser humano), sin ser obligado a una elección y teniendo más de una
posibilidad (teniendo en cuenta que no elegir podría ser una de esas posibilidades).
¿Es
libre el ser humano? Indiscutiblemente sí, si se cumplen los preceptos
enunciados anteriormente. ¿Es la limitación de opciones sinónimo de la “no
libertad”? No, la limitación de opciones puede venir determinada por un sistema
de valores, un sistema legal, un sistema moral, sistemas que la humanidad ha
ido adquiriendo a lo largo de la historia y que nosotros elegimos respetar. ¿Es
la causalidad una limitación a la libertad? La causalidad propicia las
circunstancias que todos los días, a todas horas, nos hacen decidir. Incluso
también determinan las opciones que tenemos. ¿Por qué decirnos entonces que no
somos libres? Las personas quieren actuar como les dé la gana, en consonancia
sólo a sus valores (independientemente de los de los demás), sin consecuencias.
Pero incluso ahí estarían limitados por sus valores. Y qué hay de los demás.
Hay quién dirá que el límite sería el respeto por los sus congéneres, pues esa
también es una coartación clara de dicha libertad. La libertad a la que aspiran
los individuos que dicen que no somos libres, es una libertad que no existe en
el ámbito práctico, es inalcanzable por imposible, ni siquiera entra dentro de
la razón, porque en el momento que diéramos como explicación para no hacer
algo, un motivo ajeno a nosotros mismos… ya no estaríamos en esa utopía que
tantos persiguen. Y la razón nos lleva una y otra vez a dar razones por las
cuales no hacer o hacer determinadas cosas, aunque sea por preservar la vida de
nosotros mismos o la de los demás (algo básico en la convivencia).
Tenemos
que suponer, por tanto, que si es la razón la que nos da razones por las cuales
actuar de una manera u otra, aunque sea en base a preceptos morales, sin razón
no hay libertad. Y si es con la razón con la que elegimos entre unas opciones
dadas, entonces hacen falta dichas opciones para ser libres. Y si sin elección,
aunque sea por omisión de acción, no hay libertad, entonces para ser libres tenemos
que elegir.
LIBERTAD:
Elegir entre diferentes opciones en base a la razón y sin coacción, teniendo en
cuenta que “no elegir” también podría ser una de ellas.
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