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lunes, 7 de mayo de 2012

DE LITERATURA Y LITERATOS (III). ESCRITORES Y CATEGORÍAS


Es posible que las categorías sean necesarias en determinados casos para seguir o tener un orden. Y es seguro que las personas gusten de distinguirlas, sobre todo si están en los “escalones” superiores. Pero hay ámbitos donde las categorías (clases, rangos, niveles etc.) son innecesarias por la “inutilidad de trato”, y por no ajustarse a la realidad.

En “De literatura y literatos” no podíamos dejar de hablar de esas… categorías con las que a veces se intenta encuadrar, o definir, a un autor. Por lo general, estos “calificativos” suelen provenir de otros colegas o editoriales.

La más usada, y la vez la que demuestra un menor conocimiento de la persona a la que se le endilga, es la de escritor novel. Sí, amigos del me gusta marcar las diferencias, el adjetivo “novel” es el más utilizado cuando se quiere hacer referencia a un autor que ha publicado por primera vez. Claro, es que en la Real Academia Española dice claramente: “Que comienza a practicar una profesión, o tiene poca experiencia…” Y debe de ser por pura semántica al motivo por lo que se hace tal distinción. Y por si no queda claro, para diferenciar aun más a estos escritores de los que ya han publicado varias obras, se emplea el término “consagrado” para estos últimos.

Y porque sé que sólo es una cuestión de significado; que las editoriales no nos quieren clasificar; ni nuestros colegas diferenciar del resto (y de paso de ellos mismos)… me asaltan las dudas, y yo asalto a nuestra queridísima R.A.E. (y a la semántica). Pues resulta, y dejo constancia para que se tome nota, que consagrar es: Conferir a alguien o algo fama o preeminencia en determinado ámbito o actividad. ¡Vaya! Aquí no dice nada del mero hecho de publicar. Haberlos… “haylos” (consagrados digo), pero no tantos como se creen. Y por cierto, la definición de novel también dice: Que comienza a practicar un arte.

Así que, resuelta mi duda sin “dudar” de las casas editoriales ni los colegas, dios me libre, puedo decir, semántica en mano, que ni hay tantos escritores noveles ni mucho menos tantos consagrados. Y que no hace falta publicar para dejar de ser “escritor novel”, pero no es suficiente hacerlo para ser un escritor consagrado (con fama o preeminente), por muchas novelas que se tengan editadas.

Espero no haber dejado sin identidad a nadie ahora que ha quedado claro que no son todos los que están (o no somos todos los que estamos). Siempre habrá escritores mejores que otros, es innegable, pero en el fondo todos somos creadores de entretenimiento, ¿y a quién se entretiene primero sino a aquellos que tenemos cerca? Así que todos somos “escritores de andar por casa”. El día que no seamos eso, “consagrados” o no, habremos dejado atrás lo más importante de ser escritor.


            ENRIQUE CABRERA

jueves, 15 de marzo de 2012

DE LITERATURA Y LITERATOS (II). LOS LECTORES NO SON "TONTOS DEL CULO"


No voy a negar, porque sería absurdo, que escribir una historia de cualquier género o estilo, es difícil y requiere un esfuerzo. Grato diría yo, pero esfuerzo al fin y al cabo. Siguiendo la misma línea, también he de admitir que si bien todo el mundo puede escribir, no todos son capaces de trasmitir lo que desean a través de las palabras. Continuando con las obviedades, es lógico pensar que leer requiere menos esfuerzo que escribir. Pero estas afirmaciones que están al alcance de cualquier lógica, no tienen que servir de asidero a ningún autor para pensar que está en un nivel superior al lector. Porque nada hay más lejos de la realidad.

Últimamente he participado en debates y foros, donde algunos autores ponían en entredicho la capacidad el lector para decidir qué obra era la que más le gustaba, apelando a su falta de conocimiento técnico sobre narrativa y literatura. Pero es que hay que diferenciar entre lector y crítico; y entre leer y corregir. El conocimiento sobre gramática, semántica, lingüística… narrativa y literatura en general, no son necesarios para decidir si una novela te gusta o no.

A veces creo que la paranoia se ha instalado en la mente de algunos colegas. Nuestro trabajo no está siendo continuamente juzgado, no desde el punto de vista técnico. Y es que perdemos la visión del porqué se escribe: para entretener, no para poner el libro en un museo. Y lo peor no es eso. Sino que en el afán por hacer la obra perfecta (está claro que todos queremos hacerlo cada vez mejor), estos escritores erran el rumbo y la emprenden contra los lectores por elegir una novela que, bajo su punto de vista (y posiblemente sea correcto) carece de calidad técnica. Y es que no puedo creer que una persona que inventa realidades tenga la mente tan obtusa, que no sea capaz entender que al lector le gusta o no una obra, en función de muchos parámetros más que no tienen que ver con la técnica.

Ahí es cuando se pasa de “lo peor” a “lo triste”, arremetiendo contra los dos colectivos que por definición constituyen el mundo literario en sí. Escritores y lectores. Cuando una obra, que técnicamente es mejorable, o muy mejorable, es leída o descargada por muchos lectores, entonces llegan las “críticas constructivas”: es una mierda, dedícate a otra cosa, menuda bazofia… y otras lindezas por el estilo (ya hablamos de esto en el artículo anterior). Y justo después se comete el peor  error en el que un escritor puede incurrir; ataca al lector, poniendo en tela de juicio sus gustos literarios y su criterio. Vulnerando, con desprecio, su derecho de elegir la obra que más le guste.

No. Los lectores no son “tontos del culo” al decantarse por una novela que puede que no sea… buena desde el punto de vista técnico. No son “tontos del culo” por elegir una novela que yo no elegiría. No son “tontos del culo” por no tener grandes conocimientos técnicos de narrativa. No son “tontos del culo” por tener criterio propio, aunque no estemos de acuerdo con él. No son “tontos del culo” por no escoger mi obra… Sí. En el fondo es posible que sólo sea envidia. Esa que a veces nos corroe por dentro y que hace salir lo peor de nosotros mismos. Por ejemplo, la prepotencia y arrogancia suficientes para permitirse el lujo de despreciar a los lectores y a sus “colegas” de profesión.

Hay que entender que si alguien está por encima de alguien, ese es el lector. Porque sin él, nosotros no somos nada. Tan sólo una “panda de mentirosos de la ficción”, que nos tendríamos que halagar los unos a los otros para aplacar nuestro ego. El mismo que impide ver que sólo somos “creadores de entretenimiento”.

ENRIQUE CABRERA

viernes, 9 de marzo de 2012

DE LITERATURA Y LITERATOS (I). DE LA ÉLITE A LA HUMILDAD.


Amigos, conocidos y compañeros escritores. No caigamos en la presuntuosidad de pensar que, de alguna manera, somos una élite. Ni que la palabra “escritor”, está reservada sólo para aquellos que han hecho de la literatura su modus vivendi.

Los que escribimos por afición, los que lo hacen por profesión, todos, nos agarramos a nuestras vivencias, las camuflamos con la mentira, y lo llamamos ficción. Nuestro propósito, no nos engañemos, no es otro que entretener, hacer pasar un buen rato al lector. Nada más. No tenemos un propósito divino, ni hemos sido elegidos para algo grandioso que sólo nosotros podemos hacer. Llenamos hojas en blanco con palabras para contar una historia. Igual que lo puede hacer un niño. Curiosamente, el fin es el mismo. El niño la escribe para que sus padres la lean, nosotros lo hacemos para que “alguien” lo lea.

Podemos encontrar multitud de citas, de infinidad de autores, que se han afanado en diferenciar al buen escritor, del mal escritor. Tal vez para alejarse ellos mismos de la segunda definición. Indiscutiblemente hay  buenos y malos escritores. Eso no le resta mérito al trabajo de nadie. Porque el motivo, el trasfondo, es el mismo para todos. Tiene el mismo esfuerzo, dedicación e ilusión, una obra escrita por un autor mediocre, desconocido, aficionado, que por uno extraordinario, famoso y consagrado. Menospreciar las “malas” obras, es un ejercicio que dice bien poco del escritor que lo hace, en una muestra de evidente prepotencia, que bajo mi punto de vista, no merece ningún respeto. Porque si hay algo que esa obra, y ese “colega” necesitarían, es una crítica didáctica y constructiva. No una descalificación hacia su trabajo. Pero obviamente hay autores que piensan que “sería una pérdida de tiempo”. Tal vez porque creen que su tiempo es mucho más valioso que el invertido en escribir aquel escrito, o que ser escritor es pertenecer a una élite, a la cual ese otro autor no debería acceder.

Es una pena que algunos escritores se olviden (o nos olvidemos) de dos características esenciales de la literatura. En primer lugar, que cualquier persona puede leer una obra, tanga o no conocimientos de narrativa. En segundo término, que no es necesario ir a un museo para admirar una obra escrita. Cualquiera puede tener un premio Novel, o una novela ganadora del Planeta en la estantería de casa. Es más, puede estar junto a un libro de un autor completamente desconocido, compartiendo estante. Y esa grandeza, la universalidad de “las letras”, no nos hace pertenecer a una élite, justo lo contrario, nos hace pequeños. Porque la obra en sí nos supera, esté bien o mal escrita, trasciende al autor.

Cualquier trabajo merece respeto, nos guste o no, esté bien o no. Decir que una obra es “una mierda”, no es una crítica. Y aunque se puede tener cualquier opinión, el respeto y la educación es lo primero. Aunque siempre es más cómodo echar por tierra el trabajo de los demás que ser constructivo. Es aquí donde se ve un “escritor de élite”.

Veámonos como lo que somos; creadores de entretenimiento. Con aspiraciones o sin ellas, no somos más que eso, pero tampoco menos. 



ENRIQUE CABRERA